El documental lo sigue en su cotidianidad, entre anécdotas callejeras,
improvisaciones musicales y confesiones sin guion, capturando su energía
caótica y su humor extraño. Se entrelazan grabaciones íntimas con recuerdos de
su época en los Ramones y su vida después de la banda, explorando su relación
con la música, las drogas y el arte visual. Con estética y ritmo
erráticos, Kowalski logra un retrato en bruto, sin concesiones, de una de las
figuras más imprevisibles del punk.

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